domingo, 10 de agosto de 2014

REEVANGELIZARSE


Hablar de los desafíos de la Evangelización en el ámbito parroquial, se convierte en una tarea sumamente compleja. No obstante, intentaré presentar algunas intuiciones al respecto, dándome por satisfecho más con enumerar que con lograr algún tipo de análisis.
Un adagio atribuido a Idries Shah, me servirá como punto de partida, para señalar lo que parece constituirse en uno de los principales obstáculos por franquear en el itinerario evangelizador de la parroquia. “La gente piensa que piensa cosas, y también piensa que sabe cosas. Sería útil que le prestara atención a la cuestión de si saben lo que piensan y si saben lo que piensan que saben”.
Dar por supuesto que ya entendemos la Evangelización y todo lo que ésta implica, es el punto de partida errado que sostiene muchas experiencias parroquiales.
Si bien es cierto, que en los últimos años se ha publicado mucho sobre el tema y se ha dicho aún más. Esto no quiere decir que el ruido ambiental provocado en torno al vocablo Evangelización nos haya verdaderamente aportado un buen conocimiento al respecto.
Hoy en día se habla de Comisión de Evangelización, Equipos de Evangelización, Jornadas de Evangelización, Procesos de Evangelización y así una interminable lista de la más variada nomenclatura.
Pero aparece una cuestión ineludible, ¿Qué entendemos por Evangelización? Si no se asume esta pregunta como fundamental, nos exponemos a seguir construyendo proyectos infructuosos que nos cansan, saturan nuestras agendas parroquiales, nos cargan de las más diversas actividades a todos los niveles, pero que sin embargo no son verdaderamente evangelizadoras.
Y como se trata de decir mucho en pocas líneas debo hacer referencia a la más reciente Exhortación Apostólica Post-Sinodal del Papa Francisco Evangelii Gaudium, escrito en el que se sintetiza lo que la Iglesia entiende y quiere decir al hablar de Evangelización.
Hace falta aceptar que no sabemos lo que pensamos que sabemos sobre la Evangelización y advirtiendo nuestra necesidad de profundización comenzar un proceso concienzudo e integral de aprendizaje sobre el tema, que no se agote en la adquisición de conceptos a nivel intelectual, ni en la capacitación técnica sobre las estrategias a seguir, ni mucho menos en la realización de actividad tras actividad cuyo único objetivo sea decir “estamos trabajando”.
Hace falta redescubrir la importancia y la “utilidad” del Evangelio en la vida de cada hombre y cada mujer que viene a este mundo –no como un valor agregado al ser humano o una opción más entre la gran oferta religiosa que se nos presenta hoy en día-. Hace falta hacer la experiencia de “re-conocernos” y “re-conocer” a nuestros hermanos, como esencialmente necesitados de Jesús y de su mensaje. Entonces se ampliará nuestro horizonte, seremos capaces de descubrir caminos nuevos y revitalizaremos los tradicionales para convertir nuestras parroquias   en comunidades verdaderamente evangelizadoras.

Jesús cuando enseñaba, hablaba con autoridad, y sus discursos son una serie de afirmaciones impuestas por la Verdad en persona.

Por eso, es bueno “reenvangelizarse”, asimilando uno por uno esos discursos hasta que penetren en lo profundo del alma, como su propia sustancia, como nueva “forma mentis” del “hombre nuevo” en nosotros. Y hacer esto, es hacer la más profunda, íntima y segura revolución que también hoy hace falta. (Cf. LUBICH. C., La Doctrina Espiritual, Ciudad Nueva, Buenos Aires 2005, p. 169).