lunes, 17 de febrero de 2014

LOS LIMPIOS DE CORAZÓN...VERÁN A DIOS




En el capítulo cinco del Evangelio según San Mateo encontramos el texto de las Bienaventuranzas, en el contexto del llamado "Sermón de la Montaña".
He tenido la oportunidad de leer algunos textos de exegetas reconocidos que explican de una u otra manera el contenido más profundo de este misterioso catálogo, incluido Joachim Jeremías que por mucho me parece el más denso.
En estos días he podido leer y releer una breve reflexión hecha por Chiara Lubich, que me ha iluminado y me ha encaminado hacia una nueva comprensión.
Como ya lo he mencionado, no se trata de una obra exegética, sino de una breve reflexión que rebasa por poco los límites de un folio y que se dedica únicamente al versículo ocho del ya mencionado capítulo: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios".
Casi siempre, al tener que enfrentarme a este texto, daba por supuesto que se trataba de una promesa que encontraría cumplimiento en el "más allá". Y repetía una y otra vez -cuando se hacía necesario por la predicación- : Necesitamos guardar la pureza del corazón... Para poder encontrarnos cara a cara con el Señor al final de nuestra vida... Para poder verle...
Seguramente, la cosa no está del todo errada. Pero Chiara Lubich enfoca su reflexión en el "más acá", pues nos hace caer en la cuenta que la promesa de bienaventuranza para los limpios de corazón encuentra cumplimiento no solamente escatológico sino aquí y ahora.

Y aquí está el resultado de esta pureza, siempre reconquistada: se puede "ver" a Dios,
es decir, comprender su acción en nuestras vidas y en la historia, escuchar su voz en 
el corazón, captar su presencia donde está: en los pobres, en la Eucaristía, en su Palabra, en la comunión fraterna y en la Iglesia.