jueves, 26 de septiembre de 2013

OTRO CHISPAZO DE MARTINI




Hace algún tiempo, un buen sacerdote me llamó la atención porque en una homilía yo dije que los seres humanos actuábamos como tontos, al despreciar el proyecto salvífico de Dios para enfrascarnos en nuestros torcidos proyectos personales.
Nuestra gente está muy herida -me dijo- no hay que decirles que son tontos... En ese momento no me gustó nada la corrección, sin embargo la consideré válida y la he tenido en cuenta...
Hace poco tiempo me ví en la ingrata obligación de volver a tocar el tema en una homilía... Y entonces intentando hacer una pregunta retórica dije a la asamblea... Quieren saber porque despreciamos el proyecto de Dios sobre nosotros y ponemos el corazón en las cosas pasajeras... Porque somos estúpidos... Contesté prontamente...
Me sentí muy malo... Y sumamente temeroso de que alguien se lo tomase como una ofensa personal... Pero en fin ya lo había hecho...
Providencialmente en estos días estoy utilizando como auxilio para mi oración personal un texto del extinto Cardenal Martini que se titula Las tinieblas y la Luz... Que me ha hecho notar que llamar las cosas por su nombre no hiere sino que sana... A continuación transcribo un pequeño texto que se ha convertido en un verdadero chispazo:

Debemos reconocer que el exceso del mal está presente en el mundo.
Éste se verifica cuando se sobrepasa la pura estupidez humana y se llega a la planificación
del mal hecho con cinismo y crueldad para disfrutar del mal ajeno,
del aplastamiento del otro.
Naturalmente en el mundo se da también un exceso del bien.
Éste se verifica en el momento en el que se supera la relación de estricta justicia, el puro contrato paritario: YO TE DOY TÚ ME DAS.
Entonces se da con total gratuidad, se da con pura perdida, superando las buenas maneras, el sentido común, la percepción corriente de la medida, es la superación de las costumbres mundanas, pisotear toda convención, lo que podríamos llamar una transgresión sin el valor negarivo del término.

jueves, 12 de septiembre de 2013

DIOS ES Y BASTA...



De esas tristezas y confusiones que todos experimentamos...  De esas también han vivido los santos... Saber eso es sumamente reconfortante y esperanzador...
Seguro que el pequeño texto que quiero compartir en esta entrada les reconfortará tanto como a mí... Se trata de un episodio de la vida de San Francisco de Asís... Quién sumido en una profunda tristeza experimentó lo que nosotros también experimentamos de vez en cuando... Y fue precisamente en un diálogo con Santa Clara que encontró nuevamente la luz y la paz que necesitaba...
"Padre Francisco, comenzó Clara, soy tu plantita. Si algo tengo o sé, lo recibí de ti. Estás metido en el bosque, Padre Francisco. No puedes tener visión proporcional. Yo estoy distante, y por eso me hallo en mejor óptica que tú para medir las proporciones. Me temo que lo que te pasa sea un pequeño problema de apreciación.
Días atrás leía que un antiguo monasterio se dividio por causa de un gatito. Una hermana se encariñó de su gatito. A las hermanas que daban mirada fea al gatito, la "propietaria" del gatito les daba mirada fea, hasta que el monasterio se dividió entre las que miraban bonito y las que miraban feo al gatito. El gatito se había transformado en el único "dios" del monasterio. Ignoro si esto es una historia o una alegoría..
¡Un pequeño problema de apreciación!, Padre Francisco. La cosa que amamos, se nos prende. A veces dudo si la cosa se nos prende o somos nosotros los que nos prendemos a la cosa. Posiblemente no hay diferencia entre lo uno y lo otro.
Cuando se cierne una amenaza sobre la cosa que amamos, quiero decir, cuando surge el peligro de que la cosa se nos escape, nos agarramos más fuertemente a ella. En la medida en que aumenta el peligro, más crece nuestra adhesión, mayor es la cosa, Y así, al final, en el monasterio no queda más cosa que el gatito. Quiero decir, damos una importancia desproporcionada.[...] Padre Francisco; el ideal, la Orden, la pobreza son cosa ciertamente importante. Pero levanta un poco la vista; mira a tu derredor  y te encontrarás con una realidad inconmensurable, altísima: Dios. Si miras a Dios, aquello que tanto te preocupa, te parecerá insignificante. ¡Pequeño problema de apreciación! [...]
Sueltate de tí mismo, y da el salto mortal: Dios es y basta. Suéltate de tu ideal, y asume gozoso y feliz esta Realidad que supera toda realidad: Dios es y basta. Entonces sabrás que cosa es la perfecta Alegría, la Perfecta Libertad y la Perfecta Felicidad (Cf. I. LARRAÑAGA, El Hermano de Asís, San Pablo, Bogotá 1993, p. 301-303).