sábado, 25 de agosto de 2012

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO




Una pregunta fundamental.

La Primera Lectura nos pone, frente a la doble posibilidad que todo ser humano tiene en su propia existencia: ¿A quién vamos a servir? Al Señor o a los dioses de los amorreos.
Una pregunta fundamental, que requiere una respuesta consciente y sincera, capaz de configurar nuestra vida   según los criterios de Dios a quien queremos servir.
Hoy en día, bajo el concepto "dioses de los amorreos", podemos encontrar un variadísimo conjunto de cosas y situaciones, que en nuestro interior se presentan como posibilidades de plenitud. Tanto que en no pocas ocasiones -consciente o inconscientemente- nos colocamos bajo el señorío de esas realidades que no son Dios.
Un primer paso coherente -si nos hemos decidido a servir al Señor- es hacer un examen de conciencia profundo. Revisando si verdaderamente toda nuestra vida se desarrolla bajo la mirada y los criterios de Dios.
Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros, exclama el pueblo. Y nosotros debemos estar alerta -constantemente alerta- para no abandonar al Señor. Ni los placeres, ni los beneficios, ni las comodidades, ni las conveniencias personales, ni cualquier cosa -por muy noble que parezca.- puede ser admitida como "Señor de nuestra vida".

Concretar el Servicio a Dios.

En no pocas ocasiones, concebimos erróneamente el significado de la expresión Servir al Señor, A veces restringimos los alcances de este "servicio" a los ámbitos estrictamente religiosos: Cuando asistimos a la Santa Misa, cuando hacemos oración, etc...  Provocando con esto que nos concedamos ciertas licencias en las otras facetas de nuestra vida que no son estrictamente religiosas. Por eso no es extraño encontrarnos por ahí, con muchos cristianos con una "doble vida". Muy "cristianos" en esos aspectos que hemos llamado estrictamente religiosos y muy "paganos" en los otros aspectos de su vida personal.
San Pablo al hablar de el carácter "religioso" del amor de los esposos, nos está abriendo una panorámica impresionante. Nuestra vida, todo lo que hacemos, nuestras relaciones humanas, nuestros trabajos, inclusos los aspectos más privados de nuestra existencia deben adquirir carácter trascendente. Deben ser manifestación y concreción de nuestro servicio al Señor.

Palabras Inaceptables:

Nos encontramos ante un trozo del Evangelio según San Juan, sumamente rico y profundo. Esta vez quiero centrarme únicamente en la expresión de los que escuchan la doctrina del Señor, y que resume perfectamente los llamados "efectos del texto" en los destinatarios del mundo intraliterario.
Este modo de hablar es inaceptable... Con lo que queda puesto de manifiesto la crudeza del mensaje de Cristo. En nuestro días hemos llegado a una práctica y una concepción sumamente "light" del cristianismo. Y -con esto- nosotros los cristianos nos hemos incapacitado para transformar las estructuras de muerte y mentira que contaminan nuestro momento histórico.
Si el mensaje de Cristo no incomoda, no transforma, no reta, no interpela, no hace tambalear las construcciones incoherentes con la Verdad más profunda, es porque no estamos viviendo la radicalidad de nuestro cristianismo.
Esto requiere una evaluación profunda -a todos los niveles- empezando por nuestra vivencia personal de nuestro ser cristianos. Y asumir toda la fuerza el mensaje del Señor, sin diluirlo con los criterios que rigen nuestro mundo -casi siempre tan incompatibles con la Verdad-, redescubrir la grandeza y profundidad de nuestro "deber ser" y procurar con suma responsabilidad ponerlo por obra cada momento de nuestra vida.
De tal manera que -a pesar de las incomodidades- podamos decirle al Señor con un corazón sincero: Me quedo contigo, no me quiero ir... A quien voy a ir si sólo tu tienes palabras de Vida Eterna.
No palabras dulces, no palabras agradables, no palabras de adulación, no palabras de aprobación... Sino palabras inaceptables -para los criterios meramente humanos- pero al final las únicas que son PALABRAS DE VIDA ETERNA.

martes, 21 de agosto de 2012

¿RICOS?




El evangelio de este día, me ha impulsado ha buscar una reflexión que nos clarifique el sentido de lo que el Señor nos quiere decir. En no pocas ocasiones pensamos que se refiere a terceras personas -sobre todo a los que materialmente tienen más-. He aquí unas palabras que nos hacen ver más allá, que nos hacen pensar que quizás también nosotros -sin necesidad de ser millonarios- en no pocas ocasiones repetimos con nuestros apegos la actitud del Joven Rico.


"Es más fácil que un camellos pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos" (Mt 19,24). El rico que no obra como Jesús quiere, se juega la eternidad.
Pero todos somos ricos, mientras Jesús no llegue a vivir en nosotros en toda su plenitud. Incluso el pobre que lleva en su  alforja un solo pedazo de pan y blasfema si alguien se lo toca, es un rico igual que los demás. Su corazón está apegado a algo que no es Dios. Y si no se hace pobre según el Evangelio, no entrará en el Reino de los Cielos. La senda que sube hasta allí es estrecha, y por ella sólo pasa la nada.
Hay quien es rico en ciencia y la satisfacción que ésta le produce le impide la entrada en el Reino y la entrada del Reino en él; por lo cual el Espíritu de la Sabiduría de Dios no tiene sitio en su alma.
Hay quien es rico de presunción, de jactancia, de afectos humanos y, hasta que no se desprende de todo eso, no es de Dios. Hay que quitarse todo del corazón para poner a Dios en él, y todo lo creado según el orden de Dios.
Hay quien es rico de preocupaciones y no sabe ponerlas en el Corazón de Dios y está atormentado. No tiene la alegría, la paz y la caridad que son del Reino de los Cielos.
No pasa.
Hay quien es rico de sus propios pecados y los llora y se tortura, en vez de quemarlos en la misericordia de Dios y mirar hacia adelante, amando a Dios y al prójimo por el tiempo que no ha amado.

OTRA HUMANIDAD



En este post solamente quiero compartir la letra de una canción cargada de muchas intuiciones... Muy iluminadora y que nos hace pensar en lo que podríamos construir

A dónde iremos a parar si seguimos así.
No existe ya vergüenza, ni siquiera pudor,
continua violencia, escándalos por doquier.
¿Dónde se ha ido todo el gran ideal?

El mundo hoy a veces se presenta un poco oscuro,
importa solamente la noticia cruda y dura.
Se vive a costa de otro, se abusa del más débil y
¿quién podrá mostrar la verdadera humanidad?

Conozco otra humanidad, la que a menudo encuentro por la
calle
la que nunca grita y no sobresale por encima de la otra
gente.

Conozco otra humanidad, la que no estafa nunca a su vecino
y sabe ganarse, el pan cotidiano con sus propias manos.
 Creo, creo en esta humanidad
creo, creo en esta humanidad, que vive en el silencio, que
sabe perdonar,
que sufre, que sonríe y se conmueve y que quiere construir
la nueva humanidad.

Conozco otra humanidad, la que avanza contra la corriente,
la que está dispuesta a dar toda su vida y morir por la
propia gente.
Conozco otra humanidad, la que no piensa solo en sí misma
pues es muy conciente, que hay mucha gente que de hambre
muere.
Creo, creo en esta humanidad
creo, creo en esta humanidad, que rompe las barreras, que
paga con la vida
sin usar las armas por un mundo nuevo…
ESTA ES LA HUMANIDAD, QUE CREE EN EL AMOR.

Creo, creo en esta humanidad
creo, creo en esta humanidad, que rompe las barreras, que
paga con la vida
sin usar las armas por un mundo nuevo… 

ESTA ES LA HUMANIDAD, QUE CREE EN EL AMOR
ESTA ES LA HUMANIDAD, QUE CREE EN EL AMOR

martes, 14 de agosto de 2012

LAS OPCIONES RADICALES



Siempre me han llamado la atención las opciones radicales... Es como si presintiera que es el único camino posible...
Sin embargo -en no pocas ocasiones- al tener que enfrentarme con las verdaderas opciones radicales -no las teóricas- he descubierto con tristeza que hay mucho de idealismo -y muy poco de concreciones reales- en ese mi "perturbador" deseo...
Hace unas pocas semanas tuve la oportunidad de hacer una experiencia eclesial que me ha dejado muy iluminado interiormente... Es como si hubiese encontrado una luz nueva, cuyo fulgor aun permanece vivo llenando mi espacio vital...
Allí todo era muy "simple", tanto que constituía un auténtico "escándalo" para mi complejidad... Y mientras pensaba en mis adentros, juzgando aquella novedosa realidad según mis enredados cánones mentales... Algo estaba pasando... Muy sutilmente, silenciosamente, tanto que parecía no pasar nada... 
Y mientras interiormente experimentaba un cierto "cargo de conciencia" -por creer estar traicionando mis principios más profundos-... Mi mundo interno se estaba derrumbando... No era para menos si la Palabra de Dios es fuego que deja en pie solo la VERDAD... La vanidad es un material sumamente endeble... 
Y cuando parecía no quedarme nada... Apareció una Palabra, que con toda su fuerza edificó un mundo nuevo: En verdad, en verdad te digo: el que no nazca  de nuevo no puede ver el Reino de Dios...
¿Opciones radicales? ¿Puede haber algo más radical que nacer de nuevo?... Entonces debo dejar de buscar y ponerme a vivir... Porque la respuesta ha sido dada...