jueves, 19 de julio de 2012

UNA SOLA PALABRA





En no pocas ocasiones me he encontrado con personas que prestan una importancia suma a esos acontecimientos "sobrenaturales" tan en boga hoy en día...
Apariciones, Revelaciones, Profecías... Muchos acontecimientos extraños que sacian la sed de cosas raras de muchos de nuestros contemporáneos...

Nosotros mismos, quizás menos aficionados y proclives a los ya mencionados acontecimientos... De vez en cuando andamos por la vida buscando respuestas... Incluso en nuestros momentos de oración personal quisiéramos escuchar una especial palabra para nuestras situaciones concretas... Algo que ilumine nuestras peculiares circunstancias...

Mientras preparo una clase de Teología de la Revelación, he encontrado una frase de San Juan de la Cruz que cita el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 65, y que aporta mucha luz para las situaciones antes mencionadas.

Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra,... porque lo que hablaba antes en partes a los profetas, ya lo ha hablado todo en El, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad...

Digno de ser recordado, en aquellos momentos en que quisiéramos ver "las cosas claras"...


jueves, 5 de julio de 2012

ANIVERSARIO



El Sacerdote encargado de la Comisión de Comunicaciones del Seminario Mayor de la Inmaculada me sugirió escribir algunas líneas con motivo de mi noveno aniversario de ordenación sacerdotal, para colocarlas en el blog de la institución. Comparto con ustedes el pequeño escrito que presenté para dicha ocasión...


Me piden que diga algunas palabras en este día de mi aniversario sacerdotal. Sinceramente creo que he tenido demasiadas experiencias tan distintas en este tiempo  que me resultaría sumamente difícil intentar hacer una síntesis de estos nueve años…
Pero creo que puede ser muy provechoso compartir una de las experiencias más fuertes que he vivido… Y que ahora en retrospectiva se vuelve mucho más edificante y aleccionadora… Como muchos saben estuve tres años fuera de la diócesis… Y en cierto momento he pensado sobre el valor que dentro de mi itinerario vocacional se le puede asignar a este acontecimiento…
Ahora comprendo que la vocación es una realidad mucho más dinámica de lo que nosotros podemos pensar… Y que la formación es un proceso que al final de cuentas lo lleva el Señor mismo…  A veces al llegar  a lo que como seminaristas consideramos la “meta” de nuestra formación –la Ordenación Sacerdotal- podemos pensar que hemos alcanzado el culmen de la generosidad y la respuesta máxima a la elección divina… Tanto que podemos llegar a una  valoración un tanto deformada  del ministerio sacerdotal –quizás considerándolo como un mero  status- y olvidar al Dios que nos ha llamado para tal ministerio...
Dios que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, nos ilumina constantemente  de tal manera que descubramos la plenitud de la llamada… En mi caso he descubierto que todo ha sido para que pueda tener una panorámica mucho más amplia de la llamada de Dios en mi vida…
No ha sido fácil comprenderlo, pero ahora estoy seguro de que ha sido así… Mientras preparaba algunos materiales para utilizarlos en los tiempos de reflexión personal durante los ejercicios espirituales… Un buen amigo me envió unos escritos que me han confirmado lo que venía intuyendo… Se trata de una respuesta que da la fundadora de un movimiento eclesial a un seminarista que pregunta sobre las dificultades para el ministerio sacerdotal y la respuesta se puede sintetizar en lo siguiente:

Yo diría esto: olvidaos de ser sacerdotes. Ya lo sois, y deberéis, al serlo, celebrar, confesar, etc., etc… Pero (…) no es vuestro ideal ser sacerdotes; vuestro ideal es Dios, es Dios amor. Vosotros tenéis que ser amor como Dios es amor. Madre Teresa de Calcuta cuando me veía siempre me decía: “Hazte santa, como Dios es santo”. Esto es lo que importa, ser santo como Dios. Pero Dios es amor.

Espero se comprenda estas palabras correctamente porque tienen mucha luz…