miércoles, 16 de mayo de 2012

EL ESPÍRITU DE VERDAD



Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, los guiará  a la verdad completa
(Cf. Jn 16, 13).


Aún recuerdo claramente una de las fachadas del templo de la Sagrada Familia, en Barcelona, España... Esa obra impresionante del beato Gaudí.
Tras la escultura de la flagelación del Señor, me encontré con aquella puerta tapizada con la pregunta que todos los seres humanos nos hacemos al menos una vez en la vida... Qui est véritas...
Y resuenan en mis oídos las palabras que -en un film sobre la vida de San Agustín de Hipona- se ponen en boca de San Ambrosio de Milán... No hay que buscar la verdad sino que hay que dejarse encontrar por ella...
El encuentro con la VERDAD no es el fruto de nuestro tortuoso camino intelectual -únicamente- sino más bien el resultado de una actitud vital no tanto de búsqueda sino de disponibilidad a la acción del Espíritu de la Verdad...
El Padre Rainiero Cantalamessa -predicador de la Casa Pontificia-, en su libro El Canto del Espíritu, nos ofrece una manera diferente, -en relación con la mayoría de los cristianos de a pie- pero sumamente clarificadora, de concebir la acción del Espíritu Santo -el Espíritu de la Verdad- en nuestras vidas...
Quizás como resultado de nuestras representaciones excesivamente antropomórficas de la personas de la Santísima Trinidad... Aún seguimos esperando que en la habitación en la que oramos, literalmente revoloteé la representación simbólica del Espíritu Santo y que posándose sobre nuestras cabezas automáticamente nos haga conocer la Verdad... 
Dice el Padre Cantalamessa: El Espíritu Santo es el espacio espiritual, una especie de "ambiente vital", donde se produce el contacto con Dios... El "espacio vital" en que el hombre se mueve y respira...
Por tanto, ya estamos objetivamente inmersos en el Espíritu de la Verdad... Y por tanto la verdad nos toca constantemente... Lo que hace falta es que nuestra subjetividad se sitúe concientemente es este ambiente Sagrado... Para disfrutar personalmente de ese Reino de la Verdad...
Al igual que nuestros ambientes humanos son capaces de influir grandemente a los que se encuentran en ellos... Lo mismo el Espíritu de Verdad es capaz de obrar verdaderas transformaciones en toda realidad que se encuentre bajo su acción... Construye, pero al mismo tiempo destruye lo que no tiene consistencia, lo que tiene que caer, lo que es vanidad y deja en pie solo la VERDAD...

domingo, 6 de mayo de 2012

AMAR



En la segunda lectura del V Domingo de Pascua, tomada de la Primera Carta del Apóstol San Juan se nos recordó la obligación que tenemos los cristianos de AMARNOS NO DE PALABRA, NI DE BOCA SINO CON OBRAS Y DE VERDAD...
Decir que nos amamos es muy fácil pero no es suficiente... Hace falta no simplemente saber conjugar el verbo amar sino dar el paso a la concreción... A la realidad.... AMAR VERDADERAMENTE cada momento de nuestra vida...
Si abrimos bien los ojos... Literalmente nos "tropezaremos" una y otra vez... Con las mil oportunidades que Dios nos concede para que pasemos de las palabras a la acción...
Hay un problema real en el mundo... Hace falta amor... Que en cada ambiente, que en cada circunstancia realmente se haga presente el amor, no simplemente como una teoría o como un bien añorado... Sino con OBRAS. Los que tenemos la enorme dicha de llamarnos y ser cristianos, HEMOS CONOCIDO EL AMOR y a través de nuestros ENCUENTROS CON CRISTO, Él mismo nos capacita para la tarea de incendiar el mundo con el fuego de su amor... No con nuestro amor, sino con el AMOR DE CRISTO... Que es el amor perfecto y pleno... El que verdaderamente necesita el mundo... Pero que el mismo Señor quiere hacer presente a través de nosotros...
Seguramente si nos tomamos en serio esa necesidad de hacer presente el amor en nuestras circunstancias personales, también descubriremos que se convierte en una tarea ardua... Porque nuestras intenciones se topan con mil obstáculos que apagan -o al menos intentan apagar-  en nosotros ese fuego que el AMOR DE CRISTO nos transmite...
Me encontré por ahí una frase que seguramente nos iluminará mucho en esos momentos en los que sentimos que amar nos resulta difícil, cuando sentimos se nos apaga el fuego del amor...

El amor es como un fuego, lo importante es que permanezca encendido. Y, para que sea así, hace falta siempre
quemar algo. Ante todo, quemar nuestro yo egoísta, y esto se hace porque, amando, estamos proyectados en el
otro: o en Dios, cumpliendo su voluntad, o en el prójimo, ayudándolo.