miércoles, 27 de mayo de 2015

#Crónicadeunalección (En El Salvador se puede ser Santo)



En El Salvador hemos sido testigos de un acontecimiento histórico. Siguiendo el "espíritu" de este humilde blog, me dispuse a participar de la manera más consciente que me fuese posible.
Con esa intención decidí crear un "hashtag", algo que describiese en pocas grafías lo que yo captaba - desde mi peculiar experiencia vital- como una especie de síntesis de lo que para mi significaba este trascendental momento de la historia salvadoreña. Así surgió #Crónicadeunalección. ¿Por qué lección? Se hace necesario explicitar algunos elementos que ayuden a comprender el nada común contexto de alguien -como es el caso de quien escribe- que en la década de los 90 era un adolescente "enlistado" en el Seminario Menor "Pio XII" de la considerada por muchos la diócesis más conservadora de todo el país. La mayoría de los seminaristas de esos tiempos -a excepción de algunos cuantos más "avanzados"- crecimos en edad y  escalamos los años de nuestra formación sacerdotal alejados de la figura del ahora Beato. Con explícitas advertencias de no asomarnos por esos caminos, porque no era conveniente, porque era dañino, porque no era bueno. Sin ofrecer ni la más mínima resistencia  a tales disposiciones, transcurrió mi vida ignorando esta importante figura del Pueblo de Dios que peregrina  en esta pequeña nación enclavada en el centro de América.
Por eso para mi, la beatificación se convertía en una lección. Ese día me acerqué a la cátedra de la Iglesia para conocer la figura de este Pastor según el corazón de Cristo [...] cuya sangre se mezcló con la sangre redentora de Cristo.
Y se trata de una lección simplemente incoada, puesto que ahora es responsabilidad personal el prolongar la búsqueda de todo aquello que me pueda ayudar a conocer mejor a Oscar Arnulfo Romero.
La ingente concentración provocada en torno a la plaza del Divino Salvador del Mundo, me conmovió enormemente y recordaba lo que recientemente había leído en una obra de Bruno Forte, "La Iglesia de la Trinidad", donde señala que la Iglesia está llamada a replicar en la historia la "PERIJORESIS TRINITARIA", y me parece que ese día fuimos verdaderamente Iglesia, formando una armoniosa unidad respetando la diversidad.
Para mi, ese fue el gran milagro que provocó el nuevo Beato, que los salvadoreños sumergidos en una caótica situación de violencia, pudimos estar juntos -al menos por un momento- sin hacernos daño.
El milagro aconteció aquí abajo y no arriba -como muchos argumentaban- con el fenómeno natural que pudo verse ese día. De ese halo solar no quisiera ni hablar, porque me hizo experimentar el amargo sabor de presentir que -religiosamente hablando- aún no somos lo suficientemente serios. Nos pusimos al nivel de las viejecitas que creen ver a la Santísima Virgen en el pan o la tortilla.
Mientras observaba las miradas curiosas dirigiéndose hacia el firmamento no pude menos que recordar la reprimenda que los hombres vestidos de blanco hacen a los "mirones" de la Ascención: "Galileos, ¿Por qué se han quedado mirando al cielo? (Cf. Hch 1, 11). Seguro que el Beato Oscar Arnulfo Romero hizo lo que hizo y fue quien fue con una praxis distinta, no perdiendo el tiempo viendo "halos solares". Pero se respeta toda buena intención.
Al final no puedo más que decir GRACIAS SEÑOR PORQUE PUDE ESTAR AHÍ.


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