jueves, 14 de marzo de 2013

EL SANTO PADRE




Se ha vivido muy intensamente -al menos en mi entorno- la reciente elección de Su Santidad el Papa Francisco...
He quedado gratamente sorprendido y sumamente edificado... Mientras esperábamos -frente a la pantalla de la televisión- que por fin apareciera el nuevo Papa... Intentaba imaginar una y otra vez el nombre que sería pronunciado por el Cardenal Proto-Diácono... He de confesar que llegue al punto de la taquicardia, porque transcurrían los minutos y -como decía uno de los seminaristas que estaban ahí presentes- "ni siquiera podía verse alguna luz"... El balcón parecía sumamente frío, como queriéndose quedar vacío por un largo tiempo.... Consultaba mi reloj una y otra vez, hasta que por fin pude escuchar la ininteligible voz -debido avanzado estado del mal de parkinson que padece- del Cardenal Jean Louis Tauran... Y todo se aquietó misteriosamente...
No hubo un discurso rimbombante... Pero sí -como en el Evangelio según San Juan- muchos signos que hablaban más que mil palabras... Y que seguramente iremos descifrando a lo largo del nuevo pontificado.
A mí me habló de sencillez, de la primacía de la oración, de humildad, de confiar los unos en los otros, de autenticidad... Sin duda alguna, una densa lección sintetizada en breves minutos pero que se quedará grabada para siempre en los muchos corazones que hemos participado de este acontecimiento único...
Un día después, todavía me parece estar envuelto en una atmósfera celestial... No me cabe duda... Jorge Mario Bergoglio es un hombre de Dios... Tiene lo que el mundo necesita, lo que la Iglesia necesita... porque tiene a Dios y comunica a Dios, nos lo hizo sentir muy cercano...
Y ahora nos toca caminar, construir y confesar... Tal y como nos lo ha dicho en su primera homilía... Simplemente que así sea...

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