sábado, 23 de marzo de 2013

DOMINGO DE RAMOS 2013




Dice el Evangelio de San Lucas: -cuando habla del acontecimiento que hoy celebramos: "La Entrada de Jesús a Jerusalén"-Conforme iba avanzando, la gente tapizaba el camino con sus mantos, y cuando ya estaba cerca la bajada del monte de los Olivos, la multitud de discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los prodigios que había visto, diciendo: ¡BENDITO EL REY QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR! ¡PAZ EN EL CIELO Y GLORIA EN LAS ALTURAS!.
En el Evangelio se habla de gente que tapizaba el camino del Señor con sus mantos. Nada se dice de la intención que motivaba dicho gesto... Podemos intentar suponer, pero al final sería traicionar el contenido del Evangelio... El silencio del evangelista nos hace centrarnos únicamente en el gesto... Solamente cada uno de los corazones de aquellos desconocidos pudo conocer a ciencia cierta la motivación de su acción...
También nosotros que participamos en la procesión con la que se inicia la celebración del Domingo de Ramos, realizamos diversos gestos externos cuya motivación al igual que los de aquel tiempo sólo nosotros mismos podemos conocer y por tanto también encauzar correctamente...
Cuando tengamos los ramos en las manos, es sumamente necesario llenar de contenido aquel gesto, y entonces, lanzar un grito humilde: ¡Señor que entienda lo que estoy haciendo! ¡Tú que conoces mi corazón mejor que yo mismo, concédeme el poder captar el sentido más profundo de esta celebración! De tal manera que entendiendo lo que hago, pueda también descubrir lo que esperas de mi...
Sumamente llamativo resulta el hecho de que el autor del Evangelio dote de cierta identidad a la multitud, ya no hablando solamente de un conjunto indeterminado de personas, sino dándole el título de discípulos...
LA MULTITUD DE DISCÍPULOS -textualmente-, hablar de discípulos es hacer referencia a una relación mucho más consciente con el Señor, una relación mucho más cercana y con la intención de aprender de Él que es nuestro Maestro...
Es casi como si el evangelista quisiera decirnos, solamente aquel que está dispuesto a tener una relación auténtica, cercana, profunda con Jesús, es el único capaz de llenar de contenido sus gestos... Ya no hace solamente por hacer... Sino que -con sus gestos- alaba verdaderamente a Dios...
Por tanto, me parece no estar del todo equivocado afirmar que el Evangelio nos invita a profundizar en nuestra relación con Jesús, a ser sus discípulos; para que esto que hacemos sea más que un mero rito... Para que sea auténtica liturgia,  para que sea alabanza a Dios...


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