sábado, 30 de junio de 2012

UNA COSA PIDO AL SEÑOR




He pensado muchas cosas en estos días... Cosas objetivamente importantes y otras tantas que solo tienen una importancia muy pero muy subjetiva...
La vida va pasando muy rápido... He reflexionado -después de todo lo vivido- sobre lo hermosa que ha sido mi vida... El Señor me ha concedido nacer en el seno de una familia muy llena de amor, muy pobres, muy sencillos, pero muy unidos... Me enseñaron a amar a Dios... Eso ya sería más que suficiente para vivir agradecido...
Pero el Señor me ha dado más a través de ellos... Me enseñaron a entender la vida de una manera diferente... Cada uno de ellos me ha dado lecciones grandísimas, me han edificado y en no pocas ocasiones me han reconstruido... Gracias Señor... Porque lo he tenido todo...
Sin merecerlo participo del Sacerdocio Ministerial... ¿Qué más puedo pedir?... Puedo celebrar la Santa Misa cada día... Puedo absolver los pecados... Puedo administrar los sacramentos... Y eso rebasa cualquier espectativa personal...
He conocido gente maravillosa... Personas que también me han dado mucha luz para vivir... 
Me he equivocado tantas veces... He dado muchos pasos en falso... Y seguro que continuaré fallando, porque no soy perfecto...
Pero no puedo mentir... No puedo lamentarme... Hasta el día de hoy he sido feliz... He tenido más de lo que merezco... 
Y el Amor de Dios no se detiene... Cada día descubro con asombro renovado los mil detalles luminosos que me rodean... La situación no es perfecta... Pero es luminosa... Y allí radica el secreto... Nuestra vida es luminosa... Ninguna tiniebla... NINGUNA, es mayor que la LUZ...

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.






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