sábado, 16 de junio de 2012

EL AMOR QUE CONSTRUYE LA IGLESIA



Basándose en el pasaje de Lc 9, 10-17 -La Multiplicación de los Panes- el Cardenal Martini ofrece una interesante reflexión en torno a la solemnidad del Corazón de Jesús... Me ha edificado muchísimo puesto que -como hemos dicho en tantas ocasiones- a veces nos quedamos con lo meramente anecdótico y con ésto nos incapacitamos para descubrir la fuerza comprometedora que se contiene en nuestras devociones...

Jesús es que toma la iniciativa, pero pone a los apóstoles en el centro, como intermediarios. Y detrás de los apóstoles entrevemos la Iglesia, la comunidad. Estos cinco mil hombres que tienen que sentarse en grupos de cincuenta nos recuerdan la necesidad que también la Iglesia tiene de una organización práctica y eficaz.
El mensaje es el siguiente: pongamos orden en la Iglesia, hagamos una realidad bien compaginada, una distribución ordenada de la Eucaristía, confiada a los apóstoles que ejercitan así su ministerio desde el principio hasta el final, procurando que todos se sacien, y reservando lo que ha sobrado.
Jesús se preocupa por la suerte del hombre en el desierto de la vida, y lo hace a través de sus apóstoles, mediante su Iglesia. Cuida de los suyos, de su vida, de su salud, y lo hace a través de los sacramentos: Su Pascua, su vida, su muerte, pero depositada en la manos de su Iglesia.
En ese contexto estamos llamados a vivir y expresar la devoción al Sagrado Corazón. En conformidad con la encíclica "Haurietis aquas", conviene evocar todo el contexto soteriológico, redentor, eucarístico, eclesiológico, de esta devoción. Hay que hacer que todo el pueblo participe de este amor que Jesús nos manifiesta al darnos la vida en el misterio de la Pascua y de Eucaristía. El amor de Dios es el amor constructivo de la Iglesia, un amor del que participan los apóstoles, a quienes se encomienda este cuidado para que se preocupen por el pueblo de Dios: Ellos extraen del corazón de Jesús su caridad pastoral, la fuerza de su compromiso de dar la vida por los hermanos. Vamos a pedirle a este lugar -Paray-le-Monial-, fuente de la actual devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que nos ayude a comprender sus valores y a traducirlos a nuestra vida y la vida de nuestra iglesia.


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