domingo, 29 de abril de 2012

DAR LA VIDA


La propuesta se encuentra cargada con una gran dosis de exigencia... El Buen Pastor da la vida por sus ovejas... Seguramente en muchos lugares se habrá recordado a esos grandes pastores que a lo largo de la historia se han convertido en concreciones, en fieles imágenes de Jesús el BUEN PASTOR...
Si intentásemos elaborar un listado, nos quedaríamos cortos, puesto que el Señor en su infinito amor, no cesa de suscitar en medio de su pueblo, pastores según su corazón...
Pero qué significa dar la vida... Casi siempre lo identificamos con esas hazañas épicas dignas de figurar en los anales de la historia... Y quizás se nos pasa la vida esperando que se aparezca en nuestro camino existencial el pretendido papel estelar que nos dé la posibilidad de demostrar lo mucho que amamos y lo dispuestos que estamos a entregar la vida por nuestros hermanos... Y mientras esperamos ese momento, pasan desapercibidas  a nuestro lado miles de oportunidades de morir a nosotros mismos... Que a lo mejor serán las únicas oportunidades que tengamos de DAR LA VIDA...
Me encontré con una reflexión que nos abre una nueva perspectiva y que nos hace poner los pies sobre la tierra y aprovechar todos esos valiosos encuentros con las múltiples posibilidades que la Providencia  Divina pone en nuestro camino para DAR LA VIDA:

El amor recíproco, tal como Jesús lo pide, implica un verdadero martirio. En efecto, pide que nos amemos entre nosotros hasta el punto de estar dispuestos a morir el uno por el otro.
Pues bien, esto es martirio, un martirio blanco si se quiere, pero verdadero, porque exige la vida. Es un martirio cotidiano, en incluso momento tras momento.
Quizás, a pesar de toda nuestra buena voluntad, no lo hemos vivido así de verdad.
Pero sólo de ese modo somos verdaderos cristianos, alcanzamos la perfección, justamente como los mártires; y con ella, la unión con Dios, la presencia plena de Cristo en nosotros...

En este contexto no puedo dejar de mencionar esa concreción del Buen Pastor que ha dejado una huella indeleble en nuestro país... Monseñor Oscar Arnulfo Romero, cuyo ejemplo continúa iluminando los misteriosos caminos de nuestra historia nacional...
Mas sin embargo la huella de Monseñor Romero es grande porque supo entregar su vida en el momento histórico que Dios se lo pidió y de la manera como Dios se lo pidió...
Y mientras muchos nos anquilosamos simplemente contemplando su figura, imaginando  que eso es suficiente para ser como Él... Nuestro presente reclama una respuesta real y concreta de nuestra parte...
Monseñor Romero sólo hay uno... Y El ya hizo lo que le correspondía... Ahora nos corresponde a nosotros pronunciar nuestro SI... DAR LA VIDA en nuestro momento histórico, como el Señor nos lo pida...



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