sábado, 10 de marzo de 2012

III DOMINGO DE CUARESMA



"No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre"

La frase contenida en el Evangelio, puede parecer como centrada únicamente en señalar la indisposición externa de aquellos que aprovechando las circunstancias -la gran Pascua Judía- han hecho del Templo un lugar para el intercambio comercial... No está demás que en este tercer domingo de Cuaresma echemos un vistazo a nuestra manera de estar en el templo, de nuestro participar en la acción litúrgica de la Iglesia. Pues no es ajeno a nuestra realidad, asistir constantemente a expresiones que denotan la "desacralización" de los lugares destinados al culto... 
Sin embargo todo efecto obedece a una causa, y es precisamente allí donde debemos buscar el génesis de la reprimenda propinada por parte del Señor a los mercaderes...
Tanto el desorden reinante en el templo -que nos narra el evangelio- como la perdida del sentido de lo sagrado -presente en nuestro mundo- tienen su origen un punto común. REDUCIR EL CULTO A MERO RITO EXTERNO.
La perversión del culto -tantas veces denunciada por los profetas- se hace presente una vez más en medio del pueblo... Ofrecer sacrificios resulta ser el objetivo primordial de tantos israelitas reunidos en Jerusalén para "celebrar la Pascua". Se ha invertido el orden de valores, lo  que surgió como medio de unión con Dios se ha convertido en fin en sí mismo... Por lo que no resulta extraño que -más que procurar el ambiente de oración y recogimiento para favorecer la unión con Dios en el templo- la prioridad sea que exista suficiente materia prima disponible para los sacrificios... Dios se convierte en el gran ausente de ese tipo de religiosidad... 
Ya próxima la celebración de la Semana Santa -tan rica en expresiones de piedad popular- y a partir de nuestro encuentro con el Evangelio... Se nos presenta una hermosa oportunidad de llenar de contenido nuestras expresiones religiosas... De replantearnos una y otra vez -para mejorar- nuestra participación en los actos de culto... De tal manera que no sea simplemente el cumplimiento de supersticiosos requisitos... Sino auténticos momentos de encuentro con Dios... Que nos llena, nos transforma y nos descifra el sentido de nuestra existencia... 

¿Qué signos nos muestras para obrar así?, Dicen los judíos al Señor... Y más adelante el relato evangélico se encarga de hacernos ver que la acción del Señor estaba llena de signos: Muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía... Por tanto resulta claro, que la petición de los judíos no es de una señal cualquiera, sino de una señal que satisfaga sus expectativas...
Nuevamente se trata de una situación en la que se ha invertido el orden, pensando torcidamente que Dios debe obrar según mis criterios... Satisfacer mi curiosidad y llenar mis expectativas...
Se hace necesario -para nosotros que no estamos exentos de la tentación de querer instrumentalizar a  Dios-  escuchar la llamada para dar el giro copernicano, capaz de operativizar la conversión que resuena constantemente en nuestros oídos y en nuestros corazones durante este tiempo cuaresmal:

Hay que tener el valor de elegir entre un camino nuestro y su camino para nosotros, entre nuestra voluntad y su voluntad, entre un plan que nosotros queremos y el que su amor omnipotente ha pensado.
Y una vez tomada esta decisión, trabajemos para adecuar nuestra voluntad recalcitrante a la suya.



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