sábado, 3 de marzo de 2012

II DOMINGO DE CUARESMA



La primera lectura -tomada del libro del Génesis- resulta sumamente iluminadora para nuestra mentalidad tan acostumbrada a querer descifrar todas las cosas... A querer comprender todo y a buscar las máximas garantías  para todo... La palabra confianza ha sido totalmente desterrada de nuestro vocabulario... Queremos sentirnos seguros... Queremos dominar la situación... Y lamentablemente hasta en nuestra vida espiritual hemos aprendido a desconfiar del otro... Que en este caso es el Otro... Que entre otras cosas es Omnipotente, Omnisciente... Y todo Amor...
En nuestra vida -tarde o temprano-, aparecen esos acontecimientos incomprensibles, y quizás hasta absurdos para nuestra miope visión humana... Y olvidando -quizás empujados por el dolor que dichos acontecimientos provocan en nuestra vida- la realidad del Amor Providente de Dios velando sobre nosotros... Nos enredamos aun más en nuestros sufrimientos y agregamos una cuota extra de dolor intentando comprender completamente e inmediatamente los acontecimientos "desagradables" de nuestra vida...
Aquí aparece con toda su fuerza "evangelizadora" la actitud confiada de Abraham... Que tiene todos los elementos servidos en bandeja de plata para cuestionar sobre la "descabellada" petición del Señor...
¿No se trata a caso del hijo de la promesa? ¿Si sacrifico a este hijo... Como será posible el cumplimiento de lo que el mismo Dios me ha prometido?... Difícil comprender la situación presentada en el relato, tanto que hasta el mismo lector puede experimentar confusión...
¿Cuál es la actitud correcta? Seguramente el hombre del siglo XXI, poseedor de una inteligencia desarrollada y sumamente cultivada... Tratara de comprender la misteriosa propuesta del Señor... Tal vez intentará -mediante una exhaustiva labor exegética- interpretar "correctamente" las palabras de Dios... Pensando que el error radica en tomarlas al pie de la letra... Y una vez alcanzada -como resultado de sus elucubraciones mentales- una propuesta más acorde a sus gustos, se dispondrá alegremente a cumplir "su voluntad", que como fruto del auto engaño ha logrado identificar con la "Voluntad de Dios"...
No obstante cabe la actitud de Abraham, -el hombre primitivo, sencillo, libre de prejuicios- que confía y cree firmemente -no sólo por haberlo leído en los libros- en que Dios le ama y tiene un Plan Salvífico  que brota de su mismo inmenso Amor... Y que no pretende otra cosa, que la felicidad plena de cada uno de sus hijos... Para lo cual dispone maravillosamente cada uno de los acontecimientos que misteriosamente confeccionan el camino de la salvación... Se trata del hombre que no pregunta... Porque confía y cree...
Resulta sumamente interesante que en el relato que nos ocupa Abraham no pregunta.... No se entretiene a buscar razones... Porque sabe que la razón suprema que necesita para iluminar su realidad es el AMOR de Dios...
Lo que no quiere decir que deje de ser dificultuoso humanamente adherirse a la voluntad de Dios... Ya el autor sagrado se encargó de dejar algunos elementos en los que se percibe un dejo de melancolía y tristeza en Abraham... Pero que sin embargo no le ofuscan, ni le detienen en el cumplimiento de la voluntad de Dios...
Para este tiempo cuaresmal... Valdría la pena intentar replicar la actitud de Abraham... Y entonces, también nosotros en nuestra vida experimentaremos muy de cerca la acción de Dios.
De lo contrario nos hundiremos más y más en nuestros interminables cuestionamientos... Que no hacen otra cosa que dejarnos una profunda intranquilidad interior... Que nos impide vivir la vida con esperanza...

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