viernes, 17 de febrero de 2012

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO



Dos ideas constituyen el basamento sobre el cual se construye el texto sacado del Evangelio de San Marcos, que la liturgia nos propone para nuestra consideración este VII Domingo del Tiempo Ordinario.
Después de una largo ejercicio de análisis estructural del texto en cuestión… He logrado percibir la verdad de la afirmación que sostiene el que hacer de la metodología utilizada…  La lógica humana es binaria…  Y la clave para captar el sentido de un texto, radica en lograr desenterrar los dos conceptos fundamentales que sostienen la construcción textual.
Partiendo de lo antes dicho, me parece sumamente iluminador para la compresión del texto evangélico que nos ocupa, el señalar cuales son las ideas fundamentales que lo sostienen… Tanto símbolos como palabras hacen referencia  directa al binomio PALABRA-INMOVILIDAD.
Dicho binomio adquiere una importancia radical para nosotros –aquí y ahora-  si tenemos en cuenta la realidad dinámica del cristianismo. El cristianismo es esencialmente Camino –seguimiento de Cristo- de ahí que la INMOVILIDAD adquiere ante nuestros ojos cristianos todo su carácter pernicioso. Teniendo en cuenta la siguiente ecuación: NO CAMINO=INMOVILIDAD, captamos claramente como el concepto  inmovilidad vendría a identificar –en el texto-  todo aquello que no es cristiano, más aún a todo lo anticristiano… Lo que resulta sumamente más grave si advertimos que para el cristiano,  el CAMINO no es otro que CRISTO MISMO.
Teniendo en cuenta lo antes dicho, adquiere su sentido más profundo la primera expresión transformadora que Jesús dirige al paralítico…. Que en un primer momento puede resultar chocante al lector porque parece romper la lógica reclamada por la construcción narrativa: Tus pecados te son perdonados… Y que es el pecado sino oposición radical a Cristo, por tanto incapacidad de caminar, inmovilidad… De ahí que Jesús  -que sabe ver el interior -  (esto quedará expuesto claramente al adivinar los pensamientos de los letrados) descubre en el “paralítico” la inmovilidad más radical que puede padecer el ser humano… La incapacidad de seguir a Cristo-Camino.
Así se resuelve el primer programa narrativo del texto, en el ámbito de la interioridad  donde Jesús realiza una doble trasformación la del paralítico  y la de los letrados… cuya parálisis interior –poner en duda el poder de Jesús-  queda enunciada en el texto al señalar que se encontraban “sentados”, que semánticamente se relaciona con el concepto de inmovilidad… Nada dice en el texto sobre la reacción de los personajes inquisidores, sin embargo ante lo impactante del acontecimiento del cual fueron testigos, no cabe menos que suponer al menos un mínimo movimiento interior que les condujese a abandonar su postura de total oposición a Cristo.
Sumamente simbólica resulta la acción de los cuatro personajes anónimos que se encargan de llevar al paralítico. El texto afirma de la casa donde se encontraba Jesús, que: no quedaba espacio ni siquiera junto a la puerta… Se trata de una construcción humana la que se constituye como obstáculo para que el paralítico se encuentre con Jesús… Trayendo a colación que los techos de las casas de Cafarnaum  -según los estudios arqueológicos- estaban hechos de juncos untados con barro… Cabe decir que esa construcción humana ha enterrado a Jesús, pero que es también la acción solidaria de otros hombres la que le desentierra y posibilita el encuentro transformador.
Y así descubrimos el segundo programa narrativo, al que podríamos llamar de ámbito  externo… Puesto que hace énfasis en la transformación de los obstáculos externos. Que se realizan por la recepción creyente del anuncio de Cristo…
Pues es la voz que se corre de que Jesús estaba en casa, escuchada y atendida, la que provoca que la muchedumbre salga de sus mundillos y vaya al encuentro de aquel que es la Buena Noticia en plenitud…
Es precisamente la misma voz que se corre de que Jesús estaba en casa, la que incentiva a los cuatro, para que lleven al paralítico al encuentro del que le puede transformar…
Así pues, es la palabra la que saca de la inmovilidad y en sentido más estricto el la Palabra la que produce la transformación, puesto que JESUS DICE: Tus pecados te son perdonados, JESÚS DICE  a los letrados: ¿Por qué están pensando eso? Y DICE finalmente al paralítico: Levántate… Y su Palabra realiza lo que dice.
La escucha creyente saca de la inmovilidad… Creer –en el sentido más profundo del término- en la Palabra nos hace verdaderos cristianos… Porque nos hace despertar de nuestro letargo egocéntrico… De nuestra insolidaridad… De nuestro dudar del poder de Dios  negándole cabida en nuestras vidas a la esperanza…





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