viernes, 27 de enero de 2012

LO QUE VALE ES EL AMOR



He de reconocer que me está resultando sumamente difícil mantener este blog al día... Algunos amigos me han sugerido que trate de redactar y subir las homilías dominicales... También me resultaba atractiva la idea de elaborar moniciones para los domingos y solemnidades... Pero al final no logro concretar ni lo que se me ha sugerido, ni lo que se me ha ocurrido...
Seguiré tratando de darle forma a esas ideas que rondan mi mente, puesto que al final quiero que lo que aquí se escriba sirva para algo...
Mientras tanto -hasta que pase este lapso de carestía inspiracional- seguiré compartiendo de la abundacia de otros:

Hablando del amor, de la caridad, Pablo VI dijo en un discurso dirigido a los Obispos de Oceanía reunidos en Sydney: "Es ésta -nos parece- la principal virtud que se pide a la Iglesia católica en esta hora del mundo".
Si es así, y lo es, el cristiano de hoy tiene que ser "caridad vivida" en cada momento, para responder a las exigencias de la Iglesia y a los interrogantes del mundo.
A esto debe tender, el amor verdadero, sabiendo que todo vale si está inspirado y guiado por la caridad, y que lo demás no vale, por lo menos para el examen final de la vida.
El cristiano, entonces, tiene que empeñarse en esto para poder decir después de toda acción cumplida: "ésta es una obra que queda".
Así tiene que actuar en su trabajo diario, en sus lecturas, en el atender sus ocupaciones, en la educación de sus hijos, en sus conversaciones, en los viajes, en el vestirse, en el comer, en el mismo descanso, en cualquier acción por mínima que sea..., en todo aquello que inesperadamente Dios le vaya pidiendo cada día.
Así tiene que ser -y esto es muy consolador- cuando nada concreto puede hacer el que está enfermo e inmóvil en una cama o inactivo en una interminable convalecencia.
Así, precisamente así -cuántas veces lo hemos dicho y cuántas olvidado-, porque lo que vale no es el trabajo, el escribir o las actividades, aunque sean apostólicas, sino el amor que debe animar nuestra vida. Y esto es posible para todos.
Para Dios, toda acción en sí misma es indiferente. Es el amor lo que cuenta. Es el amor lo que hace avanzar al mundo, ya que, incluso aunque uno tenga que llevar a cabo una misión, ésta será tanto más fecunda cuanto más impregnada esté de amor.
Pero debemos recordar que hay amor y amor. Y ciertamente es más potente el amor destilado por una porción de vida que se consume como Cristo en la cruz, que el de aquél que ofrece -porque todo tiene que ser ofrecido- todo lo gozoso y sereno que en la vida le da.
Entonces para que los cristianos no seamos anacrónicos, hemos de procurar poner amor en todo lo que hagamos, teniendo sumo cuidado de que no nos falte allí donde la vida se presenta más difícil y dura.

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