martes, 13 de diciembre de 2011

SIEMPRE HAY ALGO MAS... QUE A SIMPLE VISTA NO SE VE...


Estos días del mes de diciembre -en la ciudad de San Vicente- tienen un triple carácter festivo... Se siente muy cercana la celebración de la Navidad, se celebran las populares fiestas en torno al aniversario de fundación de la ciudad y el 12 de diciembre la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe nos convoca con su peculiar fusión de piedad y folcklore...
Uno de los defectos más dañinos en nuestro tiempo -como lo he dicho en ocasiones anteriores- es la superficialidad... Al enfrentarme con estas expresiones populares de FE, he de reconocer que personalmente me han parecido cuestionables -por aquello de los frutos consistentes-, Sin embargo, hablando de superficialidad, de pronto inmerso en las diversas festividades guadalupanas pude escuchar el reclamo de mi conciencia expresado en el adagio bíblico contenido en Lc 4, 23: "Médico curate a ti mismo"...
El 11 de diciembre -dió inicio mi torpe calvario subjetivo- la iglesia de la comunidad que regularmente visito, lucía abarrotada... Mientras mi mente se abarrotaba otro tanto con los dañinos pensamientos de: "Aquí están los que se acuerdan de Dios solamente una vez al año", "Estos son los que piensan que ser buen cristiano es vestirse con traje típico", "Seguro que estarán platicando durante toda la celebración"... Y así se crecía -alimentada con los leños de mis personales elucubraciones- la llama de mi incomodidad.
Una tras otra la diversas actividades a las que pude asistir, continuaron pareciéndome más de lo mismo.  "Gente superficial... Que querían hacer algo que les hiciera sentirse buenos.... Sin comprometerse"...
Entonces al finalizar el día, sumido en una profunda actitud de derrota, por que me parecía haber asistido a la máxima expresión de SUPERFICIALIDAD RELIGIOSA. El infierno de mi incomodidad se tornó en luz apacible... Al comenzar a recordar que precisamente eso que yo estaba considerando superficial, constituía el origen de mi vida cristiana y de mi vocación...
Y recordé como cada año -durante mis años de infancia- ataviado con mi traje de manta lleno de remiendos multicolores, alforja al hombro y con mi bigote hecho con pasta de zapatos, asistía a la procesión de la Virgen de Guadalupe... Y nunca nos quedabamos a la Santa Misa... Es más nos saliamos a media procesión... La fotografía era lo más importante... Y de rezos... no me acuerdo... Creo que las únicas palabras que pronunciaba eran las estrictamente útiles para la entretenida conversación con mi hermana, que se alargaba lo que duraba nuestra estancia en la procesión...
Y mis amigos de infancia -que hacían exactamente lo mismo-, continuan hoy en día yendo a la Iglesia... Y me parece que son gente de bien... 
Ahora caigo en la cuenta... Yo nunca tuve tratados teológicos en mi casa... Mi fe... Mi vocación surgieron:

A los pies del Señor de Esquipulas -todos los viernes asistiamos con mi abuelita al Santuario no sin antes visitar a María Auxiliadora en la Catedral-.

En la espera de poner el nacimiento con aquellas imágenes de barro -que ahora en mi torpeza me parecen feas-

En la participacion "superficial" en los actos de piedad  tan arraigados en mi pueblo...

Entonces el superficial esta vez he sido yo... Pero que bueno que a partir de mi participación en los actos de piedad popular en estos días... Puede darme cuenta...


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