martes, 20 de diciembre de 2011

PALABRA QUE ILUMINA



Jesús, Verbo de Dios Encarnado, irrumpe en el mundo iluminándolo... Toda la realidad adquiere un nuevo sentido al contacto con la Palabra de Dios hecha hombre... No puede haber tiniebla, no puede haber oscuridad, no puede haber confusión, porque El es la Luz...
He tenido la oportunidad de leer la hermosa obra de Chiara Lubich: Ser tu Palabra, en la que se recogen profundos pensamientos espirituales, que motivan al que lee con un mínimo de atención a redescubrir la fuerza transformadora de la Palabra de Dios...
No hace falta hacer grandes estudios sociológicos, para darnos cuenta que nuestra realidad está pasando por momentos sumamente críticos... Los seres humanos lamentablemente hemos olvidado el recurso a lo verdaderamente importante y nos hemos vuelto expertos en vanalizar... Tanto así que el Evangelio mismo -por defecto nuestro- se ha tornado incapaz de inspirarnos, de motivarnos, de incomodarnos...
La propuesta de Chiara Lubich es sumamente radical y parte de una certeza: Así como en la Santa Hostia esta todo Jesús, pero también en un pedacito de ella, de igual manera en el Evangelio está todo Jesús, pero también en cada una de sus palabras... Y es allí donde rádica precisamente la fuerza del Evangelio... Pues es Jesús mismo... La misma Palabra de Dios... Capaz de iluminar y transformar el mundo... Dicho en palabras de la autora El Evangelio en la Iglesia es Jesús histórico desplegado...
Entonces la clave es redescubrir la fuerza de la lectura de las Sagradas Escrituras, sabiendolas PALABRA DE DIOS,  la misma que ilumina toda realidad...
Cuando vivimos lo contenido en la Palabra de Dios... Hacemos presente en nuestro entorno la Palabra-Dios... es decir a Jesús mismo, que es a quien nuestro confuso mundo necesita...
Viene a mi mente el encuentro de Naamán el Sirio y el profeta Eliseo... A veces buscamos soluciones complejas a los problemas que nos aquejan... Y en no pocas ocasiones Dios quiere que volvamos a la simplicidad "Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿No la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.
Por qué no volver a la lectura asidua de la Palabra de Dios con el proposito de vivirla... Quizá parezca demasiado simple... Pero quizá si lo intentamos nos llevaremos una gran sorpresa como Naamán el Sirio...


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