viernes, 2 de diciembre de 2011

EL DIVINO IMPACIENTE




"Soy más amigo del viento,
señora, que de la brisa…
¡y hay que hacer el bien deprisa,
que el mal no pierde momento!"


Nació en el castillo de Javier (Navarra) el año 1506. Cuando estudiaba en París, se unió al grupo de san Ignacio. Fue ordenado sacerdote en Roma el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó a Oriente. Evangelizó incansablemente la India y el Japón durante diez años, y convirtió muchos a la fe. Murió el año 1552 en la isla de Sanchón o Sancián, a las puertas de China.

Se trata del gran santo español, al que el genio de José María Pemán le ha dado el apelativo de Divino Impaciente y que la devoción eclesial ha nombrado Patrono de las Misiones, hermosa combinación que nos recuerda que Charitas Christi urget nos!.
Difícil no experimentar el impulso de poner por obra las palabras de aquel canto tan popular en nuestro tiempo: Llevame donde los hombre necesiten tus palabras, necesiten mis ganas de vivir... Donde falte la esperanza, donde falte la alegría, simplemente por no saber de ti...
En ocasiones resulta difícil situar geográficamente el destino de nuestro afán misionero... Muchos generosamente parten a tierras lejanas y realizan -al igual que nuestro santo- esa tarea sublime de dar a conocer a Cristo a los "gentiles"... Muchos de los nuestros lo han hecho... Y eso es una gran bendición y un ejemplo que nos edifica y nos impulsa a tomarnos en serio nuestro compromiso de comunicar la Buena Nueva de Salvación.
Las tierras de misión, a veces se perciben muy lejanas... Sin embargo, en una de las cartas que escribe el mismo San Francisco Xavier encontré un párrafo que resulta sumamente iluminador: Los cristianos de estos lugares, por no haber quien les enseñe en nuestra fe, no saben más de ella que decir que son cristianos...
Una frase que motiva y compromete, puesto que a pesar del paso de los siglos y del trabajo de los grandes misioneros... Existen aún lugares en el mundo  donde los cristianos, por no haber quien les enseñe en nuestra fe, no saben más de ella que decir que son cristianos...





¡Buen modo
de celar las cosas santas!
Por evitar sacrilegios,
que la procesión no salga;
por no irritar a lo malo
que lo bueno no se haga.








No hay comentarios:

Publicar un comentario