viernes, 25 de noviembre de 2011

ADVIENTO: HACER CREIBLE LA ESPERA



De pronto un acontecimiento rutinario, casi imperceptible, quizá insignificante; me hizo reflexionar sobre el tiempo litúrgico que estamos a punto de iniciar...
Existen puntos exactos -señalados no por la organización urbana sino por la fuerza de la costumbre- en los que la gente se reune a esperar el autobus... Día tras día, en el mismo lugar, hombres, mujeres y niños como inmersos en un extraño rito ancestral esperan -llenos de confianza- la llegada de su medio de transporte... Y aunque parezca tardar, no hay cabida para la desesperación puesto que ellos saben que su espera tiene sentido y que tarde o temprano aparecerá el automotor que les confirmará una vez más que su espera no ha sido en vano.
La gente espera lo que sabe que un día llegará -la práctica ordinaria de nuestro pueblo nos lo pone de manifiesto- Y mientras el hombre del siglo XXI nos da muestras de su gran capacidad de espera, nos enfrentamos a la paradójica realidad de que cada día son menos los seres humanos con deseos de sintonizar con la ESPERANZA CRISTIANA...
El defecto no radica en la capacidad de espera, sino mas bien en la capacidad de proponer el bien esperado... Y somos nosotros los cristianos los llamados a hacer creible la espera en los bienes últimos que son capaces de dar plenitud a toda existencia humana.
Seguramente alguno dirá que el problema radica en que nuestro mundo se ha materializado de tal manera que se ha incapacitado para aprender a confiar en lo que no ve.
Una vez aceptada la cuota de verdad que contiene la afirmación anterior... Hemos de sacar un elemento sumamente iluminador. Nuestra gente necesita PRUEBAS, de que su espera tiene sentido...
Y surge una pregunta ¿Los cristianos podemos dar prueba de lo que esperamos?... Mientras sigamos pensando que nuestra esperanza se reduce a decir: Señor yo espero... y pido perdón por los que no esperan... Seguro que no...
Pero se trata de bienes escatológicos, que rebasan nuestra temporalidad y por tanto no son accesibles para nosotros, podría argumentar alguno... El famoso ya pero todavía no -que para muchos resulta desagradable- puede ser sumamente iluminador en este caso...
El Cardenal Martíni... hablando  de un valor último, de un bien absoluto, de una meta definitiva, aclara: Pero esto no significa la eliminación, ni la descalificación de los otros bienes que son objetos de los deseos humanos: la vida, la amistad, la salud, el vestido, el alimento... Al hacer los milagros y al comprometer a los discípulos a interesarse por quien está hambriento, desnudo, forastero, enfermo, encarcelado, Jesús enseña que también estos bienes tienen un significado: son los signos del Reino, bienes penúltimos y provisorios en los que se manifiesta el Reino, dones por recibir de las manos de Dios y por compartir con los hermanos, en espera de esos bienes misteriosos y definitivos que el Padre prepará en el mundo renovado.
Entonces en este Adviento... Hacer que la Esperanza Cristiana resulte atractiva... Haciendola creible, mediante nuestro compromiso por hacer visibles los bienes últimos a través de los penúltimos... Quizás sea una buena manera de comenzar...



1 comentario:

  1. Buen día solo compartir esta cita que encontré por ahí en busca de esperanza, en definitiva una persona que no espera, ha perdido el sentido de la vida.
    "...no estamos solos, porque Dios existe, y me ha llamado a la existencia, y me mantiene en ella, y me da fortaleza. Además, me ha elegido con predilección y, si tengo confianza, me concederá la constancia y la firmeza en mi camino, porque, cuando El comienza una obra, la acaba: El hace siempre las cosas perfectas."

    San Josemaría Escrivá, 29-IX-1957.


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