miércoles, 12 de octubre de 2011

¿REINO DE DIOS?



"El Reino de Dios no viene con espectáculo, ni se podrá decir: Mirad, está aquí, o está allí;
porque daos cuenta de que el Reino de Dios está ya en medio de vosotros.

Lc. 17, 20-21


Uno de los conceptos que me resulta más confusos de entender es el de Reino de Dios. Cuestión nada sorprendente puesto que cada uno concibe -en la praxis- el Reino de Dios como mejor le place o mejor dicho como mejor encaja en el proyecto personal. Y lamentablemente es así... Se manosea a conveniencia hasta que se ajuste perfectamente a mis criterios y espectativas. Entonces resulta fácil enarbolarlo como bandera de mis luchas, porque no es ya un valor que se me presenta con toda su fuerza transformadora que reclama nuevas actitudes, nuevos pensamientos, nuevas disposiciones y nueva praxis. Sino un mero concepto intelectual que sirve como incentivo de MI OBRA.
De todo lo que tengo escuchado en torno al Reino de Dios, he de reconocer que al final siempre me he quedado con la sensación de haber escuchado algo parcial e inconcluso.
La semana pasada vi confirmada una intuición que siempre he tenido: "Sólo los verdaderos sabios dicen las cosas de manera clara y sencilla"... Y mi incapacidad de comprendenr lo que era el Reino de Dios se vió iluminada por una reflexión del Cardenal Martini quien, aunque está demás decirlo, no se limita simplemente a discurrir en torno al Reino de Dios sino que con su vida -aunque no haya sido fácil- nos muestra una concreción de lo que es comprometerse en la construcción de este Reino.

Comparto con ustedes lo que me ha dado tanta luz:

Para el discípulo de Cristo, el Reino se convierte en el valor último, en el bien absoluto, en la meta definitiva hacia la cual polarizar toda la existencia.
El se convierte y cree, es decir, cambia la propia mentalidad, renuncia a hacer de sus propios proyectos la medida del verdadero bien y se adhiere con humildad y valentía a ese proyecto de vida y de libertad que el Padre va poco a poco revelando en la palabra y en los gestos de Jesús.


El mismo Cardenal Martini nos señala la nueva praxis  que necesita asumir, quien sinceramente desea comprometerse en la construcción del Reino de Dios:

Es el desafío de las Bienaventuranzas, del diálogo, de no poner en el primer lugar lo que causa violencia.

La Bienaventuranza de la mansedumbre que no pone en primer lugar el poder y la supremacía. Es necesario, pues, saber hacer gestos valientes ...

La Bienaventuranza del hambre y sed de justicia que no pone en primer lugar la propia satisfacción o la propia comodidad, sino que la coloca bajo el compromiso por la defensa de la vida, por la defensa de la dignidad del hermano marginado.

La Bienaventuranza de ser escarnecidos y perseguidos por la justicia que no pone encima de todo la aprobación o el aplauso, sino que desafía humildemente, con la gracia del Espíritu Santo, la cruz para realizar el Reino de Dios, reino de justicia y de fraternidad.



Me parece que después de haber leído esto, comienzo a ver la luz en medio de la confusión...



... Es el pueblo de los pobres y de los mansos, de los amantes de la justicia y de la paz, de los que lloran y de los que son perseguidos.
Es el pueblo de los que buscan a Dios y se entregan a El con corazón pobre y humilde.
Es el pueblo de los que no tienen importancia ni prestigio, porque en su pobreza de sabiduría y de poder se revela más claramente la sabiduría y la fuerza de Dios...

Card. Carlo María Martini.

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